sábado, 13 de septiembre de 2008

Parte Meteoroemocional Nocturno

* El invierno se adelanta y llega con sabor a tardes infantiles de domingos húmedos y partidos de fútbol que los periodistas distorsionan en la radio para crear interés. Los comentaristas de deportes deberían ser contratados por las multinacionales como motivadores de grupos de trabajo y despedir a todos los mandos intermedios. Creo que en este momento sería capaz de cambiar todos los instantes de mi pasado lluvioso por el superpoder de hacer que el sol pueda brillar con calidez en el punto geográfico que yo elija, con la única condición de que yo no esté allí. Cambiar pasados por presentes siempre es reconfortante, aunque el presente sea ajeno.
Pienso que lo peor del otoño no es el frío, la lluvia o las hojas que te caen a la cara al pasar, si no su inexpugnable papel de heraldo que anuncia la llegada del invierno. Es el paperboy de las catástrofes del futuro inminente, coreando los titulares del diario de la semana que viene.
Ahora me siento como un hombre del tiempo del telediario de la noche, que debe anunciar grandes borrascas y huracanes en los familiares mapas isobáricos, pero que se niega a hacerlo para que las personas que se deprimen con el tiempo al menos tengan una noche tranquila. Pero el mapa está ahí y si la tele no te comió todo el cerebro, puedes verlo sin que yo te diga nada. Pienso que los informes meteorológicos no han cambiado nada en 50 años, salvo un ligero retoque en los gráficos, la minifalda de la presentadora y su nivel de endo-silicona. Quizás pase lo mismo con todo y este pensamiento es lo peor del día.


* Estoy en el coche, estocado en lo que ayer era un desértico y soleado parque lleno de caracolillos de concha cónica moviéndose lenta pero proporcionalmente entre la espesura selvática de la húmeda hierba de 5 cm de altura que manchaba mi camiseta blanca. Ahora es un desértico y lluvioso parque lleno de nada. No acabo de entender dónde se mete todo el mundo en las tardes de verano. Desde luego no en los parques.
Todo suena a un volumen demasiado alto: la música clásica de la radio -parece salida del vetusto órgano de Notre Dame al que daba miedo acercarse por motivos infundados-, la lluvia goteando en los cristales -tintados y con una leve abertura superior para evitar la condensación-... incluso los árboles y sus ramas movidas por el viento hacen demasiado ruido en mis retinas cansadas. Ahora sólo quisiera bajar el sonido de todo al 001, quedarme sordo por un instante y escuchar las sinapsis relinchando dentro de mi cráneo, con ganas de galopar tras ideas divertidas que no aparecen. Quiero escuchar el color azul gris de la lluvia mientras zumba suavemente por toda mi piel. Pienso en tu piel húmeda, fría y caliente como una tostada recién hecha de mermelada de albaricoque. Me quedo en este pensamiento un buen rato y es lo mejor de la tarde.


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6 comentarios:

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Neo,
espero que el otoño también sea preludio de grandes momentos,porque yo también soy de sol,arena y snorkel y parece que todo eso nos va dejando lenta e imperceptiblemente....
Un abrazo!
Posdata: Lo de Neo¿tiene que ver algo con Matrix?

Thabitha dijo...

A mí me gusta el otoño. Películas en el sofá de tu casa acurrucada bajo una manta y con un té bien calentito en las manos, mientras oyes el viento soplar fuerte en la calle y la lluvia caer. Pero tú estás protegida por el pequeño fuerte que has construído en el salón de tu casa.
Con el otoño las hormonas se calman para dar paso a los sentimientos menos físicos. Llega la estabilidad emocional...
Y la actividad teatral!!
Y para mí hasta llegan las vacaciones, así que... ¿qué más puedo pedir? jaja
Saludos otoñales!!

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