miércoles, 22 de octubre de 2008

Óptimo

Si tuviera un crío le contaría historias mezclando realidad y ficción; el cartero sería un mensajero alado atacado por una extraña enfermedad que lo convierte en software y el banquero un poderoso rey midas, ahogado en su propia opulencia y necesitado de la ayuda de los propios siervos a los que explota. Les pondría sus caras, sus gestos y tendría a una personita en la que enterraría la semilla de un mundo fantástico al que recurrir para buscar las claves del real. Le enseñaría el poder de las cosas que no valen para nada y de la inutilidad de lo práctico; cuando me preguntara lo que no sé, aprendería de él.
Pero sobre todo quisiera darle una pastilla roja para que, cuando él sea el creador de historias, nunca quisiera matar a sus personajes favoritos. Y en caso de hacerlo, que tuviera la esperanza puesta en otro niño, al que él contará historias fantásticas. Esto, para mi, es el optimismo.


The Fall (Tarsem, 2006)

4 comentarios:

Gata Vagabunda dijo...

¡Uy! Yo vi esa peli el año pasado :)
La niña era llevártela a tu casa y adoptarla, vamos...

Sara M. dijo...

Eso es exactamente lo que los niños piden a gritos, lo que necesitan: un mundo de fantasía que les permita ir creciendo, aprendiendo y refugiándose, de vez en cuando, en los momentos en que el exterior les resulta hostil y extraño.
¿Dónde te refugias tú?

Lena dijo...

Hacen falta papás así, con ganas de hacer de los niños unos seres felices, llenos de ilusión...un poco apartados del aplastante mundo de los mayores, que no está mal, pero no es su mundo...aún no.

Sara M. dijo...

No me has respondido ;P

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