lunes, 7 de septiembre de 2009

Pensando en sentirme bien v1.0


Paseo al final de un domingo externo sin prisas, con presas internas que esconden megacentrales hidroeléctricas para recargar ejércitos de pilas AAA. Degusto las últimas 48 horas de emocionalidad galáctica mientras recorro los lugares habituales de descanso: el pequeño parque al norte de mi edificio, los dos bancos gemelos en el camino cruzado por los vecinos, las cercanías del río. Me vuelvo a topar con la extraña pareja v2.0, gimoteando detrás de mí. Vuelvo a intentar discernir si son hermanos, amigos, novios o matrimonio, pero me resulta imposible siquiera distinguir a quién pertenece cada una de las dos agudísimas voces que escucho.

Una avenida se para a mi lado, condescendiente, mientras interconecta la ciudad y uno de los barrios periféricos, durmientes y burgueses. Creo que será la última vez que vengo, a pesar de la chica interesante que lee en el banco que está a mi lado; supongo que es una probadora, como yo, porque no resulta nada agradable el ruido de los vehículos que transitan a nuestra espalda. ¿Cuál será su próximo escenario?

Una mujer de edad pasa con su silenciosa silla eléctrica, de la que cuelgan dos muletas; me mira con síndrome de Moebius y trato de imaginar que piensa que no soy consciente de la belleza, la capacidad y el milagro que tiene un cuerpo sano como el mío.

En la sierra que destaca oscura al fondo del paisaje parpadean las luces brillantes de una fila de aerogeneradores; quiero creer que transmiten algún tipo de señal en código morse a la ciudad, como "no te atrevas a avanzar más hacia aquí", "te crees muy viva pero yo te doy la energía" o "¿porqué sólo podemos hablar de noche?"

En otro tiempo, este fue escenario de tormentas de las que refugiarse en un túnel de lavado y de estupendas conversaciones con sabor a sal de ciudades sin playa. Ahora, el sol se pierde por el horizonte a mi espalda, la chica lectora se ha marchado y sólo me quedan las extrañas luces palpitantes con su indescifrable, lejano y cívico mensaje .

Pienso en todo eso y mucho más, como siempre pero, al final, me llega una idea perdida y traidora [porque me (a)trae] que estuve esperando durante eones y hoy llega, apogéica, en forma de PENSAMIENTO cuasifamilar de ser consciente de haber traicionado el sentido de mi vida, de no ser capaz de haber logrado culminar algún tipo de misión planeada.
Y justo después, resuena en mi alma el SENTIMIENTO de inexistencia de tal misión y de que la verdadera tarea era no sentirme mal por haberlo creído, malinterpretado y por todos mis errores.

Y me llega una necesidad inmensa de dar GRACIAS por todo, incluso a ti, que no sé muy bien qué haces leyendo esto.


2 comentarios:

rafa moreno dijo...

Gracias a ti.

Arual dijo...

I feel good too!

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